Animarse a las algas!

Hace no más de un año, imaginar que mis platos del mediodía iban a contener algas hubiera sido impensable. Pero una vez que probé sus deliciosos usos culinarios y por sobre todo, su aporte para el bienestar, las incorporé casi religiosamente a mi comida diaria.

Las algas son vegetales… “las verduras del mar” como suelen llamarlas, y crecen tanto en aguas dulces como en saladas. Su tamaño varía desde microscópicas hasta formar los seres vivos más largos del planeta (como en el caso de las algas kelp).

Poseen la capacidad de realizar fotosíntesis como un vegetal y también de sintetizar proteínas, hidratos de carbono, grasas, clorofila, ácidos nucléicos, vitaminas, minerales y pigmentos. Son un súper alimento por demás completo. Contienen entre 10 y 20 veces más minerales que las verduras terrestres. Son ricas en yodo (por lo que deben consumirse con moderación por personas con problemas tiroideos), calcio, magnesio, potasio, hierro, zinc, selenio, boro, cobalto y cobre, entre otros. Son un extraordinario suplemento para incorporar en casos de osteoporosis, anemias y estados carenciales. Son altamente alcalinizantes y depurativas de sustancias tóxicas.

Desde el punto de vista proteico son un alimento completo, ya que poseen todos los aminoácidos esenciales, aportando proteínas de alto valor biológico. Como la cantidad que se consume es baja, son ideales para suplementar platos con cereales y legumbres.

Su aporte graso es muy bajo y contienen vitaminas A, B, C, E y K. También aportan vitamina B12.

Incorporan gran cantidad de fibras (mucílagos) que contribuyen a mantener estable el nivel de azúcar en sangre, dan sensación de saciedad, regularizan los intestinos y protegen la mucosa digestiva.

Además, protegen al cuerpo de radicales libres y tóxicos, y son anticancerígenas, protegiéndonos sobre todo del cáncer de mamas y de colon. También aumentan el metabolismo, por lo que se recomiendan en dietas para descenso de peso.

Combaten los efectos de las radiaciones (rayos X y radioactividad), la contaminación con metales pesados (plomo, mercurio, cadmio y otros) y con sales tóxicas (nitritos, sulfuros). Esto es posible gracias a su contenido en alginato de sodio, que evita su fijación y retención.

Las algas que comúnmente podemos conseguir en dietéticas o tiendas de salud son las Kombu, Nori, Spirulina, Agar agar, Kelp, Wakame y Hiziki, entre otras.

Es aconsejable hidratarlas previamente, y se las puede utilizar tanto crudas como cocidas.

Las algas kombu se incluyen en el agua de hervor de los granos; con una pequeña laminita en el agua ya es suficiente. Sí o sí necesitan remojo o hervor.

Las algas Nori se utilizan mucho para preparar sushi y también se consumen en hojuelas dentro de las ensaladas. No necesitan remojo y quedan muy ricas tostadas.

La Spirulina es un suplemento muy utilizado, se puede consumir en cápsulas o en polvo dentro de jugos, sopas o licuados.

Las Kelp vienen en pequeñas tiritas de un verde muy oscuro (casi negro) y se pueden consumir molidas, en reemplazo de la sal de mesa.

El Agar Agar posee la propiedad de absorber agua hasta 20 veces su peso y es muy utilizada como ligante en cocina y pastelería.

En cuanto a la cantidad, en general conviene consumir pequeñas porciones (con dos cucharadas es suficiente).

Unas nuevas amigas dignas de probar y experimentar para seguir sumando variedad y calidad a nuestra vida diaria.

A nadar en las aguas del bienestar!

Vía: Revista Sophia

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