Conocé a Guillermo Gambetta, el restaurador de bicicletas que ayuda a los que más lo necesitan

En Ruedas Populares recompone bicis en desuso y se las hace llegar a quienes no pueden comprarse una.

Por Carolina Cattáneo | Para Revista OHLALÁ!

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La bicicleta tiene esa cosa mágica de que vas atento y desconectado a la vez. Estás pendiente de tu alrededor, pero vivís tu momento”..  Foto: Florencia Trincheri

 

Una ventana con plantitas y la bandera multicolor de la tolerancia, que hace las veces de telón de fondo. En la puerta, un cartel: “Gambetta. Bicicletas Populares”. Eso, afuera, en el exterior de una casa de Villa Urquiza, justo en donde late el ritmo de rioba. Adentro hay pedales, manubrios, frenos, asientos. Más allá, un Fernet junto a una, dos, tres bicicletas. Y un chico rubio con pecas que te recibe con un mate. En sus brazos, algunos tatuajes: “Seamos libres, que lo demás no importa nada”, una bicicleta, otras frases. Señales externas del mundo interno de Guillermo Gambetta, el habitante de esta casa-taller en la que vive y despunta el oficio que le da de comer: restaurar y vender bicicletas. Señales externas del mundo de un pibe de 32 años nacido y criado en Villurca que, desde hace dos, también lleva adelante La Rueda Popular, la pata solidaria de su pequeña empresa, a través de la cual conecta gente que quiere donar bicis viejas con gente que las necesita y no las puede pagar.

EL OFICIO DE JUGAR

Guillermo creció con cuatro hermanos varones varios años más grandes que él. También fue el primero y el único de los cinco hijos que tuvo bici propia. “Con la primera bici recorría el barrio de punta a punta. Eso para mí era escapar de la rutina, andar solo y sentir independencia”. Fan de las dos ruedas, a los 12 años empezó a dar una mano en la bicicletería de unos vecinos. Así aprendió el oficio, al que por mucho tiempo solo tuvo como hobby.

Guille hizo de todo. Fue empleado, paseador y entrenador de perros, bartender. Casi pisando los 30, mientras trabajaba en un bar, uno de sus hermanos enfermó de cáncer. Y como si reconectarse con su infancia hubiera sido el salvoconducto para la angustia, recuperó una bici antigua, la restauró y la empezó a usar para ir y venir de su casa al trabajo. Ochenta minutos diarios de pedaleo fueron, para él, “la mejor terapia”. Entretanto, su hermano empeoró, hasta que finalmente murió. “Tenía 40 años. Y yo pensé: ‘¿Qué hago? ¿Cómo quiero vivir? ¿Quiero dedicar 12 horas de mi día a algo que no me apasiona?'”. El “no” fue contundente. Así que renunció al bar y se dedicó a ese oficio que hasta entonces había sido un pasatiempo. En febrero de 2013, vio la luz su negocio Bicicletas Populares. “Transformé el dolor en algo positivo, alegre”, dice.

LO QUE RECIBÍS ES TAMBIÉN LIBERTAD

Al año de arrancar con Bicicletas Populares, decidió darle un plus. Le parecía genial que lo que él había tenido de chico también lo tuvieran otros. Así craneó La Rueda Popular, un proyecto que tracciona con May, su novia.

“El objetivo es hacer llegar bicicletas a gente que no tiene el recurso para comprarlas. Prioridad: chicos que nunca tuvieron una, chicos que la necesitan para ir a la escuela o adultos que la usan para ir a trabajar”. La mecánica es sencilla: aparece alguien que quiere donar una bici, Guillermo la publica en Facebook y la cosa empieza a girar. Si es necesario, la repara y la pone a punto. Ofertas y pedidos le llegan por mail o mensaje privado, él analiza la situación y, cuando la bici encuentra su “pareja”, se concreta el encuentro. ¿Qué lo mueve? No lo tiene muy claro, pero arriesga: “Hay que ayudar al otro en todo lo que se pueda, porque la ayuda va y viene. Yo la recibí de mis clientes en el momento más difícil que pasé en mi vida, el afecto de toda esa gente vino a través de la bicicleta”. Ya lleva entregadas 200 bicis. Cuando viajan al interior del país en encomienda, él -y también amigos y clientes- dona la plata del envío. “De las ganancias de Bicicletas Populares, el 10% se destina a La Rueda”.La próxima meta es multiplicar la acción en otros lugares. Hace poco, viajó a entregar diez bicis a una escuela de fútbol de un paraje de Río Negro. “El profe de la escuelita le preguntó a uno de los chicos para qué iba a usarla. ‘Para ir a la escuela’, le contestó el nene. Ahí entendí que al pibe que le das una bici le estás dando movilidad, la posibilidad de que se pueda subir a algo y se vaya, de salir de donde está, libertad”.

ASÍ LO CONOCIMOS

A la redacción de OHLALÁ! nos llegó el pedido de una bici para Donato, un nene de 6 años que jamás había tenido una. Nos recomendaron ponernos en contacto con Guillermo. Fue hablar con él un día y tener la bici lista tres días después. Nueva, azul, hermosa. Ver la felicidad de ese nene al pedalear su primera bici es la más clara confirmación de que el proyecto de Guillermo vale mucho la pena.

Más info: en Facebook: La Rueda Popular; y mail:laruedapopular@gmail.com.

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