Marita Nabais – Grupo Esperanza | Discapacidad e inclusión | Campana

El proyecto
María Inés, o Marita, comenzó en el año 2001 a organizar actividades recreativas para jóvenes con capacidades diferentes. Desde el Grupo Esperanza, ofrece talleres de distintas disciplinas artísticas, eventos deportivos, bailes, salidas, visitas guiadas y viajes para personas con necesidades especiales a partir de los 18 años de edad de la Ciudad de Campana y alrededores.
Qué está logrando
Sesenta jóvenes concurren en forma estable al Grupo Esperanza, y más de 400 chicos de escuelas especiales y sus familias participan de los eventos que se realizan durante el año. El beneficio principal para los chicos es la integración en la comunidad, ser aceptados por los demás, y reconocidos sus valores. Así pueden interactuar y ser parte de la sociedad en la que viven, y por sobre todas las cosas ser queridos y felices.
El dato
Los voluntarios estables son 35, que incluyen profesionales, profesores, docentes, técnicos y ayudantes. Brindan talleres como: manualidades, teatro, coro, dibujo y pintura, porcelana en frío, natación, computación. Además realizan un baile o matinee cada dos meses, viajes educativos, visitas guiadas a fábricas y lugares de trabajo, entre otros.
Su mirada
“Los jóvenes son mis hijos del corazón, crecieron a mi lado. Sus familias son mi familia y trabajamos todos juntos por nuestros chicos. Los formamos para que sean lo más independientes posible, teniendo en cuenta sus diferencias individuales.”

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La cultura de integración que viene de la alegría

Marita Nabais impulsó Grupo Esperanza, un espacio para jóvenes con discapacidad que crea felicidad y cambia prejuicios

El proyecto
Todo comenzó con un diagnóstico. En Campana, la ciudad en donde vive María Inés Lassallette de Nabais, había discriminación a las personas con capacidades diferentes. Los jóvenes con discapacidad no tenían donde ir. Y así surgió Grupo Esperanza, un espacio de verdadera inclusión.
Al principio, el trabajo comenzó de forma lenta, con familias, autoridades y empresas. “Empezamos con ocho jóvenes y sus familias”, recuerda Marita, como todos la llaman. Hoy son más de 60 los chicos de más de 18 años que participan en actividades recreativas y formativas que van desde talleres recurrentes hasta viajes. Además, otros 400 de todas las escuelas especiales de Campana y alrededores llegan a las actividades abiertas que se realizan durante el año.
La actividad diaria del hogar incluye hoy más de 10 actividades constantes. Danza terapia, teatro, taller de huerta, artesanías, títeres, computación, cocina, manualidades, zumba, dibujo, pintura, murga y porcelana son algunos de los ejemplos.
Además, los viernes hay una matiné con tortas y panchos que funciona como un evento familiar. También se comparten meriendas, los chicos juegan al metegol y al ping pong, y los mates siempre están presentes.

Cómo nace 
“Este proyecto surgió cuando me jubilé de la docencia, en 2001. Había trabajado en un centro de formación laboral con jóvenes mayores de 18 años y veía que no tenían motivaciones, ni entusiasmo. Estaban alejados de la sociedad real, segregados”, recuerda Marita.
Al principio eran cuatro mujeres adultas y ocho jóvenes que iban casa por casa. Al mes, ya eran 20 chicos y, a fin de año, eran 40. “Recorríamos las iglesias, íbamos a las plazas u otros lugares para cambiarles el aire de su realidad”, rememora.
Hoy cuentan con el apoyo de los padres, tiene un salón tipo gimnasio y una oficina. “Sus familias son mi familia y trabajamos todos juntos por nuestros jóvenes, formándolos para que sean todo lo independientes que pueden ser de acuerdo con su realidad”, explica.

Quién es
Con sus 66 años, Marita lleva toda una vida en la docencia. “Desde los cinco años daba clases en mi casa, en un aula improvisada por mi papá. En la Primaria y en la Secundaria preparaba a mis compañeras”, cuenta.
Marita trabajó en distintas escuelas como maestra y en gabinetes psicopedagógicos, fue directora y hasta creó un colegio privado. “Pero lo que realmente me motiva es brindar a los jóvenes con discapacidad un lugar en la sociedad. Quiero que tengan la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos y destrezas y que sientan la profunda convicción de que se puede”, sostiene.
“Aún en los casos más difíciles se puede lograr una sonrisa. Dar amor es recibir amor y ese es mi camino: servir a los demás sin condiciones”, reflexiona.

Su huella
Marita asegura que el beneficio principal del proyecto es la integración de los jóvenes en la comunidad. “Son aceptados por los demás y reconocidos por sus valores. Han dejado de ser anónimos para transformarse en personas aceptadas y queridas”, describe.
Hoy el proyecto está en crecimiento y busca generar un espacio en el que también puedan practicarse deportes, festejar cumpleaños, hacer bailes, presentar obras de teatro y hacer exposiciones de trabajos. “Los progresos de los jóvenes son muchísimos y en todo orden”, destaca Marita.
“Los chicos han abandonado la tristeza que provoca la soledad de la exclusión para ser personas con motivaciones, intereses y proyectos. Interactúan y son parte de la sociedad en la que viven. Se sienten queridos y felices”, cierra.

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